Principio de noviembre.
Estaba limpiando el salón de la televisión cuando volvió a escuchar esa música que parece que la perseguía los último días.
Había comenzado a trabajar en la residencia vacacional en tareas de limpieza desde que se quedó viuda y le ofrecieron este trabajo. Era un pequeño pueblo de montaña donde la gente iba a descansar. Familias, parejas y algún personaje extraviado convivían en este universo de paz y tranquilidad.
Siempre había sido una persona solitaria. Introvertida. Pero a la vez sensible y tal vez algo romántico.
Había llegado a la residencia buscando un lugar tranquilo y apartado. Con la idea de caminar, leer y descansar. Pero nada de eso había hecho. La presencia de aquella mujer lo turbaba. Si se cruzaba con ella y se saludaban, se azoraba.
Vino a vivir a ese pueblo debido a un traslado de su marido. De eso hacía ya casi treinta años. Ahora estaba integrada, aunque ese acento del sur de su país no la abandonó jamas. Hacía 6 años que su marido falleció en aquel accidente. Pero ella no quiso regresar. Cuando decidió acompañar a su querido rompió su relación con su pasado. Pero ahora ese recuerdo había aparecido de nuevo. Era esa música. Inconscientemente estaba tarareando esas canciones y la estaban transportando a otro lugar a otra época.
Necesitaba acercarse a ella pero no sabía como. Había preguntado de forma vaga por aquella mujer. No quería demostrar demasiado interés. Le dijeron de donde procedía y que vivía sola desde que enviudó.
Se le ocurrió escuchar música original del sur de ese país. Una música tan melancólica y romantica, al son de las olas de una región bañada por el mar. Tan distinta del entorno de este pueblo.
Cuando llegaba a casa y hacía las tareas propias, la comida, el baño, continuaba tarareando esas canciones que la transportaban a un estado de felicidad y recuerdos como hacía no sabe cuantos años. ¿Pero de donde demonios venía esa música?
Se descargó en el movil canciones de amor que le gustaban. Por una vez, bendijo la existencia del dispositivo y alguna aplicación de música. Se acomodó en un rincón del salón y esperó.
Empezó a limpiar y ordenar el gran salón de la televisión mientras tarareaba esas canciones. Las iba recordando una a una. En su lengua original.
Antes de salir de casa se había hecho una trenza en el pelo como solía hacerlo los días festivos, se había pintado los labios y al mirarse al espejo se encontró con una mujer que hacía tiempo que no veía. Y sonrió.
Cuando la vió en el salón, puso la primera canción, se refugió detras del periódico y esperó. Sentía que se iba acercando mientras limpiaba. El corazón empezó a martillear dentro de su pecho. Y se preguntó -Y ahora que, ¿Qué le vas a decir?
-Señor!
Oyó que le decían
-Señor!
Ya no había escapatoria. Bajó el periódico poco a poco. Rojo como un tomate, la boca seca y mudo de palabras.
Unos ojos claros como el agua lo miraban, una boca con esos labios carmesí le sonreían.
-Qué?
-Que se acabó la canción
-Ah!
Al día siguiente no la vió. Preguntó por ella y le dijeron que el día anterior por la tarde se había despedido. De forma inesperada. Que había decidido regresar.
Ese mismo día él también se despidió.
Siempra había sido un hombre solitario y continuaría siéndolo.
Se dio cuenta de que nunca había dicho -Te quiero.
Frecuentemente es en los lugares más cercanos donde es el último sitio que buscamos algo que nos atrae. Vamos a fotografiar el otoño a cualquier parte y el último sitio que vamos es al Moncayo. Al menos a mi me pasa. Lugar mágico por excelencia con infinidad de cuentos y leyendas. Con caminos donde no se ve el final. Donde no hay fin.
Comparto unas fotos tomadas este otoño que espero os gusten.
Para más información:
https://es.wikipedia.org/wiki/Moncayo
https://www.rednaturaldearagon.com/parque-natural-del-moncayo
https://www.sorianitelaimaginas.com/espacios-naturales/el-moncayo
https://www.turismodearagon.com/ficha/parque-natural-del-moncayo