Dolomitas. Última estación.

Final de noviembre.

Habían quedado en aquella pizzería. La misma que frecuentaban cuando iban al instituto. Lo único que no había cambiado era el nombre “Gigi”. Pero ya no tenía aquellos manteles de tela a cuadros blancos y rojos descoloridos. Ni las sillas de madera con cojines de la misma tela. Ya no ponían gresines en aquel cubo con los cubiertos. Todo era de plástico que se limpiaba con un paño mojado. Ya no había viejas fotografías en blanco y negro en las paredes. Solo espejos. El local parecía el doble de grande de lo que era. 
Se sentó. Estaba alegre y contenta. Ella lo había reconocido enseguida el día del reencuentro. Aquella sonrisa era dificil de olvidar. Y más si habías estado enamorada de ella. Y de su persona. A otras y otros le había costado reconocerlos. Después de veinticinco años de la graduación, cuanto habían cambiado. Quiso recordar la orla con los chicos con pelo y las chicas con aquellos peinados. Sonrió.
Parecía que estaban hechos el uno para el otro. Pero todo cambió cuando ella conoció aquel profesor del que se enamoró perdidamente. El amor es ciego. Y no percibió que el hecho de que él estuviera casado sería un problema. Aquella relación duró lo suficiente para que la alejara de él. Y cuando la relación se rompió, en realidad el profesor la abandonó, ya llevaban caminos diferentes.
Tuvo éxito en su trabajo. Tuvo menos éxito en el amor. Algunas relaciones esporádicas con poco fundamento. Que olvidaba rapidamente diluidas en la vorágine laboral.
Pero su vida había cambiado en los últimos tiempos. Tenía un sueño recurrente donde lo veía a él mirando a traves de una ventana. Lo veía de espaldas pero sabía que era él. Y miraba pasar una chica. Una chica con una rosa en la mano. Ella lo rodeaba y cuando lo veía de perfil una lágrima resbalaba por su mejilla. La chica que pasaba por la calle era ella misma.
Se dijo -cuando se siente le tengo que mirar a los ojos y decirle: tengo que decirte una cosa.
La llegada de él la sacó del ensimismamiento. Llevaba una rosa en la mano.
Se sentó, la miró a los ojos y le dijo -tengo que decirte un cosa.

Mi anterior visita a Dolomitas fué en 2024 como os conté en mi entrada.

Mis recurrentes visitas a Italia se van a acabar. Esta podría ser mi última visita a Dolomitas. Hay otros muchos sitios que visitar. En otras circunstancias. Con otros ojos. Con una percepción del tiempo distinta.

Os comparto estas fotografías tomadas a modo de recuerdo en un rápido y breve recorrido que espero os gusten.

Para más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/Dolomitas

https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/viaje-a-dolomitas-montanas-modelo-italia_18845

https://www.italia.it/es/italia/que-hacer/dolomitas

https://whc.unesco.org/es/list/1237